LOS BUENOS SOMOS MÁS

VENGA TU REINO.

jueves, 23 de marzo de 2017

CABACHERITO

En la vida estudiantil uno tiene todo tipo de profesores con los que interactúa y se involucra en la cotidianidad del aprendizaje pueril.
Algunos son solo académicos de paso y otros verdaderos maestros de cátedra en la vida, lazarillos que nos llevan de la mano, sin enterarnos siquiera, por el camino que mejor nos conviene; Apoyándonos, no solo aplicando la disciplina reglamentaria contra la indisciplina ganada por apoyo de galladas colegiales. Sino guiando como verdaderos amigos en la consecución de la meta útil que es el vivir con un objetivo claro, un sendero llano hacia el éxito deseado.
Cabacherito fue uno de ellos para mí, como también Don juan nepuseno.
Yo en el colegio era un indisciplinado, una plaga, la pesadilla de muchos profesores, el tipo de conducta condicional, la caspa del colegio. Recuerdo la tontería de aquellos años en que solía ser un revoltoso sin razón; creo que era un adolescente que adolecía de mucho conocimiento.
Una tarde entró cabacherito al salón a impartir su clase de español
Preguntó sonriendo desde la puerta: ¿Quién sabe que es pederastia?
Bueno, cada uno tome una hoja y escriba lo que crea que es.
Hubo de todo tipo de definiciones:
Que una fruta, que una enfermedad, que el nombre de una ciudad, etc.
Así eran las clases con Fernando.
Cómo eran de buenas las ferias del saber que el promovía para saber más de cultura general.
Otra tarde llegó y dijo, saquen una hoja y escriban un ensayo sobre Potrerillo.
Potrerillo es una montaña de mi pueblo muy alta y desde la cual se pueden divisar los hermosos farallones de Valparaíso.
Yo como era un mamagallista, un indisciplinado y un cansón sin remedio, escribí un sartal de cosas pseudo intelectuales para rellenar la hoja, salir del problema e irme afuera de la clase a joder.
Después del recreo de medio día, Fernando me buscó, me llamó y me dijo que lo acompañara a rectoría.
Carajoooo y ahora que hice pensé yo.
Siéntese cabacherito, me dijo.
Acabo de leer el texto sobre potrerillo que les encargué en la clase de español.
Si ve que usted es más que un holgazán, un indisciplinado y un revoltoso…
Yo no tenía idea de que hablaba.
De los 40 alumnos de la clase usted escribió algo muy bueno, tiene madera, me gusta.
Si usted quiere seguir siendo la caspa del colegio usted verá, pero le digo jovencito, aquí hay algo bueno; lea más, edúquese más, propóngase a ser un buen narrador, podría llegar a ser un escritor.
Que quéeeeeeeee.
Se enloqueció Fernando; yo un escritor…
Me quedó sonando la idea, empecé a leer más, a ir a la biblioteca, a aprender cómo escribir mejor.
Fernando, si algo he logrado hasta hoy, fue por tu dirección, tu apoyo, tu encomio.
Gracias cabacherito.

JON GALLEGO OSORIO

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SAPO TIRA LECHE

-Estábamos como en quinto de primaria-
Soy tan bobo que le digo a Puerta o sea a sapo tira leche:
Mario, cierto que la profesora Adíela está que se revienta de buena.
Ayayay Dios mío porque fui tan ingenuo Señor Santo.
Inmediatamente sale corriendo para la dirección de la escuela y le cuenta todo a Don Luis ángel el director.
Llegó súper enojado al salón, se paró en la puerta y me dice:
Acompáñeme jovencito.
En la dirección me da una boleta para mi papá y yo sabía que me había ganado una pela, una cueriza, una juetera.
Luego de la vergüenza, la paliza y para remediar el mal, llegaron al consenso de pedir disculpas a la profesora involucrada; Entonces me dice mi papá con una risita maliciosa:
Vaya y le pide perdón a la profe Adíela.
La esperé a la salida de la escuela y sin mirarla más arriba del ombligo le dije:
Profe que mi papá le manda a decir que me perdone…
Entonces ella me contesta, su papá o usted.
Pues mi papá profesora porque el me dijo.
La recuerdo mucho, no me arrepentí ni poquito, la profesora adíela estaba buenísima, era bellísima, creo que fue mi primer amor,  y yo me la soñaba siempre como Dios… me la mandó al mundo.

JON GALLEGO OSORIO

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UN PICHIRRICHI POR FAVOR

Son las tres de la tarde, es la hora buena para sudarla, así que me voy a dar una trotadita hasta el Aventino.
Empiezo a bajar con trotecito suave para calentar, pero como estoy tan gordo me canso rápido y empiezo a caminar. Entre trote y caminada bajo y subo como en una hora.
Como estoy tan gordo subiendo la falda del cementerio me siento morir y creo que es más fácil entrar de una vez que seguir; pero alcanzo a llegar hasta la panadería de los Arias.
Me siento mamao en la acera y le digo a doña Graciela:
Doña Graciela un pichirrichi por favor.
Ella sale con su delantal de siempre y me dice:
Que hubo pues levicito, un pichirrichi solo o qué?
Pues como estoy tan gordo doña Graciela y vengo del aventino de pegarme una trotada, pues deme el pichirrichi, dos rollos y dos moros; Que hijuemadre, si estoy gordo, estoy gordo y punto.


JON GALLEGO OSORIO
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LAS COLACIONES DE DON MISAEL


Los domingos mi papá me daba una ración de 5 pesos para comprar colaciones en el parque, entonces yo iba donde Don Misael cano a comprarle peritas, bombones de coco, colaciones y una colombina grande, inmensa como un arco iris.
Don misa tenía el toldo más lleno de confites y niños de todo el mundo, era mal geniaito el viejo pero Fabiola su hija era muy formal… dicen que era muy aguardientera, a mí no me consta.
Su otro hijo Guillermo cano es el papá de un amigo mío de la niñez, Monroy.
Le pregunté por Don misa y me contó que murió.
Tanto trabajo en la vida para morirse uno, que vaina.
Dice Monroy que Don Misael siempre soñó con ser rico, así como yo; que después de su muerte encontraron un baúl oculto en una de las piezas de su casa a la que no dejaba entrar nunca a nadie. Llevaba siempre la llave colgando del pecho cual crucifijo.
Todos soñaban con ese tesoro escondido de Don misa.
Al abrirlo descubrieron un baúl repleto… de billetes de lotería que compró en su vida y nunca ganó.
Yo para evitarle falsas expectativas a mi familia los rompo.
Ay Don Misael… ya somos dos los ilusos.

JON GALLEGO OSORIO
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miércoles, 22 de marzo de 2017

Y AÚN ME LLUEVES


Ya eres mayor de edad otra vez
Ya tienes 18 años de ausencia
Siempre te recuerdo tan linda
Con tu pañoleta de gitana y la bolsa de papel estilando grasa, pero con los buñuelos que nos traías de regalo.
Yo me creía un tipo fenomenal
Mejor que muchos y de muy buena familia
Casi un rico.
Hasta que te vi aquella mañana en el centro de Medellín
Yo estaba con una hermosa amiga a la que pretendía
Y en medio de ese gentío, te reconocí.
No parecías tú la misma de siempre, pero sabía que eras tú.
Tenías el pelo suelto, largo, canoso, y un vestidito muy feo y raido.
Parecías una pordiosera, una mendiga.
Tú hiciste como que no me viste y seguiste de largo aunque yo te llamaba…
Mamita, mamita, pero seguiste muy rápido escabulléndote entre la gente, y te me perdiste en un instante.
Mi amiga dijo que tal vez me equivoqué, pero yo sabía que no.
Cuando volví a casa le conté a mamá lo sucedido; y mamá lloró amargamente.
Luego me contó que lo hacías para llevar el pan a tus otros nietos y a tus otros hijos; buenos para nada que se quedaban en casa esperando.
Entonces me empezó a llover por dentro una tormenta de impotencia, un mar de dolor, una amargura incontenible que hasta hoy no puedo soportar, una rabia conmigo mismo por mi ingenuidad.
Sí abuela, yo tan imbécil que no supe ayudarte, no pude ayudarte.
Y llueve a cantaros afuera en mi rostro, pero adentro trato de contenerme, y  no puedo…
 Y lloro como cuando era un niño y llegabas con tus buñuelos de Medellín y la pañoleta gitana empolvada del camino.
Que no daría para cambiar la triste y pobre historia de tu vida abuela.
El Señor me dice que si te vuelvo a ver, serás una mujer siempre joven; Te lo mereces,
La eterna juventud, al menos que puedas disfrutar a hora a tus 18 años de ausencia de ese gran tesoro.
Y yo aquí abuela, básicamente… llorándote.



JON GALLEGO OSORIO
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LA MUJER QUE TE PEDÍ

Me perdonás Señor Dios mío
pero yo ya me gané el cielo
si si si
practico todos los días el 70 veces 7
y ella no cambia nada
si...
la mujer que tú me diste.

JON GALLEGO OSORIO

JUGANDO A LAS MUÑECAS

Cómo pasa el tiempo mamá,
Después de tanto trabajar duramente en la vida, ahora te veo reír y disfrutar.
Y están las niñas en casa jugando a las muñecas.
Isabela te peina con nuevos peinados, Violeta te pinta las uñas, Emiliana con su estetoscopio de mentiritas te palpa el pecho y te dice: mamita tosa,
Tosa ota vez.
Quién lo diría, mamá jugando a las muñecas. Otra vez jugando a las muñecas.
O tal vez no mamá, viéndote tan contenta, tan feliz, tan niña; me viene a la mente la idea de que tal vez en esa pobreza tan absoluta de tu niñez no te dio tiempo sino de crecer, de trabajar, de casarte  y de irte. Y entonces no pudiste jugar a las muñecas, y como nunca tuviste amigas que mejor momento que ahora con tus nietas.
La sala de la casa es un manicomio, como si hubiese pasado un huracán,
Un reguero de juguetes por aquí y por allá.
Todas las niñas están felices jugando, todas las niñas incluyendo a mamá.
Que loca es la vida,
Mamá a los 70 jugando a las muñecas.

JON GALLEGO OSORIO
DERECHOS RESERVADOS



martes, 21 de marzo de 2017

EL HUEVO

Como el justo San José, mi abuelo ejercía su misma labor, o mejor dicho ejerció.
Mi pobre abuelo era una carga para la numerosa familia después de su trombosis.
Lo recuerdo siempre ahí sentado en esa silla vieja, babeando, a punto de caerse.
Recuerdo que éramos muy pobres y muchos, pero mi abuela era de hierro forjado y sin vergüenza.
La acompañaba todos los sábados “Al pedrero” que era la plaza mayorista de Medellín para esa época; allí mi abuela pedía las sobras de las hortalizas, los pedazos de panela quebrada, y lo más barato que se pudiera comprar, pues había que cocinar para un batallón y la plata no es de caucho.
La carne como es sabido para muchos era y es un artículo de lujo; entonces mi abuela quiso hacer una sopa especial.
Me mandó a mí a la tienda que quedaba como a tres cuadras de la casa cruzando la avenida oriental, a comprar un huevo.
Tenía en ese entonces como diez años y era la niña consentida de la casa y de los tíos.
-Mi historia hoy no viene al caso-
Ya de regreso a casa como cualquier niña corría jugando chupaté, con el bendito huevo en la mano, y claro, me caí, tropecé y caí… ¡Por Dios!
En mi desesperación traté de alcanzar el bendito huevo, pero mi mano no pudo alcanzarlo aunque hice todo lo que pude; Y aún recuerdo como en cámara lenta, cómo caía ese único, ese huevo especial para la sopa, caía sobre la arena, perdiéndose para siempre.
Lo lamenté mucho y mi abuela… no me pegó.


JON GALLEGO OSORIO
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miércoles, 15 de marzo de 2017

PRO LIFE

Y cuando todos pensaron que estaba vacío
que no había nadie
que solo la penumbra habita allí
alzó su voz...