LOS BUENOS SOMOS MÁS

VENGA TU REINO.

lunes, 17 de julio de 2017

VOLVER A VIVIR


Hay un pescado en el refrigerador de mi nevera,
Estoy seguro que si pudiera, desearía volver al mar.

Y es así la vida en muchos momentos, un estado de congelamiento con  apariencia de vida.
Pero realmente es la misma muerte.
Para mí el sentido de la vida como en las otras especies animales, es la pasión, así ellos no lo sepan, ni lo piensen y sea solo un acto de apareamiento.
A mí me hace vibrar un beso, pero no un beso matrimonial de 2 segundos, sino uno adúltero, de novios, de 20 minutos.
Quisiera vehementemente volver a sentir esa humedad apasionante de un beso largo e intenso, un beso que permita morder pasito los labios, un beso que deje saborear la lengua,
un beso que permita meter la mano en el tibio brassier y la otra entre las frías nalgas, un beso que me empañe las gafas con la respiración excitada de ella, uno de esos quiero.
Un beso de esos eléctricos que se sienten por todos lados, arriba y abajo,
y que el cuerpo lo sabe, que no es insípido, sino lúbrico, un preámbulo de arrecho e incontenible sexo.
Y uno desea volver a tener sexo de motel, no una ni dos sino tres, no en la cama, sino en todos lados y en la ducha cuando se cree que ya nos vamos.
Y mientras estoy dentro de ti, mojados, por la espalda te muerdo suavemente la oreja  y te digo que te amo, que te amaré siempre, cásate conmigo, volémonos,
vámonos a vivir juntos ya, que no puedo vivir sin ti, que me muero, que ya te extraño.
Y puedo que todo pase, y nos casemos, y nos amemos, y seamos felices un tiempo, tengamos muchos sexo nuevo, pero al tiempo todo vuelve a ser igual, y despierto y estás ahí en mi cama dormida, mientras me desvelo y pienso en tener sexo con otra mujer y volver a vivir.
Es que uno se va cansando de esos besos con papel de lija en la boca,
de esos besos de hola y adiós totalmente secos, son como flores marchitas regaladas por esa tiránica rutina, por ese miedo a perderlo todo de un día para otro, de ese desgano de volver a comenzar, de atreverse a vivir realmente.
Y la culpa siempre es de ambos, cuando todo empieza a morir y está muerto, la culpa de ambos. No es que tú o que yo, no. Es de ambos la culpa que se queden los besos congelados.
Es que dejamos de hablarnos, de tocarnos, a todo le decimos no, y el orgulloso se hace frondoso y fértil, y crecen grandes espinas entre nosotros, y dividimos la casa en cuevas singulares, y empezamos a ver que alguien más si se preocupa por mí y me da lo que tú no me das. Y entonces la pérfida infidelidad engendra la traición, la sierpe  edénica preña el pecado nuevamente, y los ojos envían en Morse diálogos silentes que pronto se traducen al braille,
 y el resto de la historia es totalmente oral, si, oral por todos los rincones palpitantes.
Nos bebemos a besos, nos devoramos a besos, y luego otra vez… la culpa.
Quiero un beso nuevo, quiero volver a vivir, pero no quiero la culpa, no quiero la traición.
Solo quiero un beso como antes.



JON GALLEGO OSORIO
DERECHOS RESERVADOS


LA CARTILLA DEL REINO ANIMAL

Lo enseñaban en la escuela de la jungla, en la cartilla del reino animal.
No vayas a los dominios sin tierra donde mora el pisoteador,
A las hormigas, cucarachas, serpientes, moscas, sancudos, osos, tigres, elefantes, jirafas, ratones, gatos, perros, leones, caballos, cerdos, en fin todos los sabían porque leyeron la cartilla.
No vayas a los dominios sin tierra donde mora el pisoteador.
Todos los que desobedecieron fueron pisoteados.
Un día un ser llamado hombre encontró la cartilla del reino animal,
la leyó y supo…
Que el era el pisoteador y sus dominios… el reino del mal.



JON GALLEGO OSORIO
DERECHOS RESERVADOS



EL PALERO


La camisa raída y con olor a sudor de varios trabajos, es un andrajo que se tira encima para disimular que no le gustan esos trapos.
Está parado el palero en la misma esquina de siempre,
esperando con la pala en la mano a que lo llamen para irse a trabajar.
Llega la volqueta buscando paleros porque van para el río por un pedido grande.
Se sube Fósforo con el resto de paleros, se amarra un trapo rojo en la cabeza como si fuera una pañoleta y eso es lo único que lo protegerá del sol.
En medio del agua, todos empiezan su faena de paliar arena y piedras.
Es una labor titánica, mecánica de mucha fuerza y baquía.
El sol arrecia y ellos charlan con su lenguaje vulgar sobre obscenidades.
El sudor los baña tan rápido como el agua que les pasa por los pies.
El corazón se les ve palpitar desde lejos.
Los paleros son de cuerpos flacos y músculos rayados, templados por el arduo trabajo, magros como corceles de carreras, fuertes de manos callosas, hablar rudo, desafiante mirar, viciosos después de trabajar.
La tarde cae y la faena termina, es la hora de tomar cerveza fría, de fumar piel roja, de ir donde las mujeres malas que son muy buenas, es la hora de volver a casa con escasos pesos, es la hora de dormir para volver a trabajar.
El rio espera sin cesar.
En otros lugares los hombres van en carro a gimnasios, a pujar en cuatro series de ocho repeticiones, gritan sus esfuerzos para que los vean, se miran al espejo sus inflamados músculos, alardean con ese caminar de arrogantes, y se inyectan esteroides para verse más musculosos.
Luego se van a casa a jugar play stations con sus mentes de estúpidos pobres.
Borrachito un día bajaba Fósforo para la casa, y otro borracho en su caballo lo tiró a la mierda, lo dejó en silla de ruedas y ya no sirve para nada el palero, me dice que se quiere morir, que ya ni la comida se levanta.
Y se murió el palero, se murió Fósforo, un amigo, un paisano, un hombre de verdad que conocí un día en mi pueblo.



JON GALLEGO OSORIO
DERECHOS RESERVADOS


QUIÉN FUÍ

Mi nombre fue John, pueblerino de mil juegos infantiles, emigrante en busca de oportunidades, citadino sin opción y a disgusto.
Soñador de la vida desde el principio, acariciaba desde la niñez el deseo de adornarme con laureles, mas solo conseguí para mi cabeza la corona de la vergüenza y la inutilidad. Estampé ilusionado con letras casi todas mis vivencias y pensamientos, mis amores y desamores, mis anhelos, mis luchas y mis escasas esperanzas… de nada sirvió. con mi vida y escritos no cambié nada en esa absurda sociedad sorda, soñadores de riquezas  de mierda.
De tanto creer… me confundí, y dejé de creer porque no llegó a mi nunca una evidencia del amor supremo, para nada reciproco.
He muerto como mueren los humanos, el corazón se apaga,  a veces,  incluso antes de morir, sin saber por qué, ni cuando.
Pero he muerto para este mundo, estoy extinto ahora, ya nada importa, ya nada soy, soy simplemente nada.
La ventaja de estar muerto es que ya no me angustio, ya no siento, ya no espero, ya no deseo, ya no anhelo, ya no extraño, y que bueno, ya no me duele la desconcertante vida.
Me agrada este silencio sin pretensiones, esta paz ganada con tantas lágrimas,
esta inexistencia oscura pero liviana, esta muerte tan temida y hasta deseada.
Quién fui… Absolutamente nadie importante o relevante, nadie rico ni totalmente pobre, nadie feliz ni amargado de oficio, nadie que vayan a extrañar; un simple y sote humano más del montón, agitado como todos en esa exigua vida decadente y agotante, uno más de la raigambre del homo sapiens andantes y perdidos.
Soñé mucho, sí. Demasiado soñé. Aspiraba dejar una huella indeleble, blandir mi pluma y dejarla brillar por siempre en el papel del firmamento, enorgullecer la descendencia. Pero no.
Viví pensando en ser y solo fui como los animales, comer y defecar y nada más.
No dejé ningún tesoro monetario, no fui un sabio, no fui un ídolo, no fui un hermoso hombre adonis, solamente un gordito feo que estuvo de paso efímero planetario.
Del amor… Enamorado estuve muchas veces, no todas correspondido, y muchas creí haber encontrado el amor verdadero, el cual como todo, se muere con el trascurrir del tiempo.
Dios y yo… Yo le creí casi toda la tonta vida, él no creyó en mí ni por un segundo.
Ahora ya no importan las quejas ni reclamos, ya estoy muerto y eso es lo único que cuenta. Aunque a mí ya me vale coño.
Antes de nacer nada sabíamos de la vida, y pasamos la vida temiendo la muerte, cuando podría ser como antes de nacer, un sueño fantástico, otra falacia, otra vana ilusión, o simplemente un sueño profundo, muy profundo y cuando estamos en ese sueño profundo, no pasa nada, solo descanso, silencio, inexistencia, sueño.
Sé que estoy muerto, lo sé, porque trato de abrir los ojos y no puedo, trato respirar y no puedo, pero ya todo es paz.

JON GALLEGO OSORIO

DERECHOS RESERVADOS