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VENGA TU REINO.

lunes, 17 de julio de 2017

QUIÉN FUÍ

Mi nombre fue John, pueblerino de mil juegos infantiles, emigrante en busca de oportunidades, citadino sin opción y a disgusto.
Soñador de la vida desde el principio, acariciaba desde la niñez el deseo de adornarme con laureles, mas solo conseguí para mi cabeza la corona de la vergüenza y la inutilidad. Estampé ilusionado con letras casi todas mis vivencias y pensamientos, mis amores y desamores, mis anhelos, mis luchas y mis escasas esperanzas… de nada sirvió. con mi vida y escritos no cambié nada en esa absurda sociedad sorda, soñadores de riquezas  de mierda.
De tanto creer… me confundí, y dejé de creer porque no llegó a mi nunca una evidencia del amor supremo, para nada reciproco.
He muerto como mueren los humanos, el corazón se apaga,  a veces,  incluso antes de morir, sin saber por qué, ni cuando.
Pero he muerto para este mundo, estoy extinto ahora, ya nada importa, ya nada soy, soy simplemente nada.
La ventaja de estar muerto es que ya no me angustio, ya no siento, ya no espero, ya no deseo, ya no anhelo, ya no extraño, y que bueno, ya no me duele la desconcertante vida.
Me agrada este silencio sin pretensiones, esta paz ganada con tantas lágrimas,
esta inexistencia oscura pero liviana, esta muerte tan temida y hasta deseada.
Quién fui… Absolutamente nadie importante o relevante, nadie rico ni totalmente pobre, nadie feliz ni amargado de oficio, nadie que vayan a extrañar; un simple y sote humano más del montón, agitado como todos en esa exigua vida decadente y agotante, uno más de la raigambre del homo sapiens andantes y perdidos.
Soñé mucho, sí. Demasiado soñé. Aspiraba dejar una huella indeleble, blandir mi pluma y dejarla brillar por siempre en el papel del firmamento, enorgullecer la descendencia. Pero no.
Viví pensando en ser y solo fui como los animales, comer y defecar y nada más.
No dejé ningún tesoro monetario, no fui un sabio, no fui un ídolo, no fui un hermoso hombre adonis, solamente un gordito feo que estuvo de paso efímero planetario.
Del amor… Enamorado estuve muchas veces, no todas correspondido, y muchas creí haber encontrado el amor verdadero, el cual como todo, se muere con el trascurrir del tiempo.
Dios y yo… Yo le creí casi toda la tonta vida, él no creyó en mí ni por un segundo.
Ahora ya no importan las quejas ni reclamos, ya estoy muerto y eso es lo único que cuenta. Aunque a mí ya me vale coño.
Antes de nacer nada sabíamos de la vida, y pasamos la vida temiendo la muerte, cuando podría ser como antes de nacer, un sueño fantástico, otra falacia, otra vana ilusión, o simplemente un sueño profundo, muy profundo y cuando estamos en ese sueño profundo, no pasa nada, solo descanso, silencio, inexistencia, sueño.
Sé que estoy muerto, lo sé, porque trato de abrir los ojos y no puedo, trato respirar y no puedo, pero ya todo es paz.

JON GALLEGO OSORIO

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