LOS BUENOS SOMOS MÁS

VENGA TU REINO.

jueves, 15 de junio de 2017

jueves, 8 de junio de 2017

REINCORPORAR

Si desglosamos la palabra sería, RE otra vez, INCORPORAR poner de nuevo en el cuerpo.
Supongamos que estamos hablando de un dedo, que por accidente o por gusto dejó de ser parte del cuerpo. Para reincorporarlo o reinsertarlo, debería tener ciertas condiciones que no afecten el resto del cuerpo y el deseo por reincorporar ese miembro es solo del cuerpo, porque el miembro amputado no piensa, así que ésta reincorporación es amor, fe, deseo del cuerpo por estar completo, aunque sabe que no servirá de mucho en plena facultad, sino que será solo un adorno, un pedazo inútil, torpe, y hasta llegará a ser estorboso. Pero bueno, es el deseo del cuerpo.
Es posible que al hallar los medios y el método, aquel ex miembro sea rechazado por el cuerpo, tal vez infecte el cuerpo, tal vez sea una pérdida de recursos y de tiempo, tal vez sería mejor hacerse a la idea de que se ha perdido ese pequeño miembro y vivir en armonía con la totalidad restante.
Está bien… puede que  haga falta en algún momento y lo extrañe el resto del cuerpo, pero se adaptará, en cambio el miembro amputado así esté en las más idóneas condiciones de conservación; terminará por podrirse, y un ex miembro podrido no se reincorpora al miembro en ningún caso. Eso no es sabio sino imposible.
Pero en la vida hay ciertas situaciones increíbles, inverosímiles en las que aquel ex miembro amputado por accidente o por gusto, le impone condiciones al cuerpo para volver a ser una parte común de la totalidad y hasta se mofa en su ignorancia del resto del cuerpo.
Si el cuerpo viviente es inteligente viviría sin esa parte nauseabunda y seguiría su trajinar por la vida, adaptándose y trabajando con el resto del cuerpo, por vivir y no por emprender  absurdas falacias.
Mi cuerpo es la democracia, mi cuerpo es la justicia, mi cuerpo la sociedad que habito, y de ningún modo arriesgaría ese bien común por una aventura dantesca en la que se permanece para siempre en el infierno.

El que entendió,  entendió.


JON GALLEGO OSORIO